Estas buenas nuevas del reino se predicarán (Mat. 24:14).
¿Alguna vez se ha imaginado lo maravilloso que hubiera sido vivir en Israel durante la época de Jesús? Quizá hubiera querido que lo sanara de una dolorosa enfermedad. O tal vez le hubiera encantado escucharlo y recibir su instrucción, o verlo realizar alguno de sus milagros (Mar. 4:1, 2; Luc. 5:3-9; 9:11). ¡Qué gran honor hubiera sido estar allí y ser testigo de sus obras! (Luc. 19:37.) Ninguna otra generación ha presenciado nada semejante. Es más, “mediante el sacrificio de sí mismo”, Jesús logró un triunfo irrepetible: quitar de en medio el pecado (Heb. 9:26; Juan 14:19). Y sin embargo, el nuestro también es un momento crucial. Se nos ha otorgado el gran privilegio de realizar una obra que jamás se repetirá: proclamar por toda la Tierra las “buenas nuevas del reino” y la esperanza del Paraíso. w10 15/4 4:1, 2